
Hechos con birome en un rincón de un texto de la facultad, estos tipos tan raros e incompletos son una muestra del método que últimamente suelo seguir en mis dibujos: primero, trazar líneas de forma un poco caótica y casi sin mirar la hoja; después, atisbar en ellas la insinuación de alguna imagen y desarrollarla, ya de forma más conciente y cuidadosa, hasta donde me sea posible (cargando, eso sí, con la molestia de muchas líneas "sobrantes"). Una especie de Rorschach aplicado a la práctica del dibujo, sólo que nada que ver.